16 de mayo de 2013

NARRATIVA / Un cuento de Juan Rulfo.

En un día como hoy, del año 1918, nace Juan Rulfo, escritor mexicano, uno de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX. Para recordarlo y volver a apreciar su obra es que compartimos con ustedes uno de sus inolvidables cuentos:






ES QUE SOMOS MUY POBRES
[Cuento. Texto completo.]

Juan Rulfo 

Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejabán, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río

El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño.

Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta.

A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente.

Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años.

Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho. Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina, la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.

7 de mayo de 2013

INVITACIÓN / Presentación del libro "Antología del pan más blanco", de Edgardo Anzieta






 La Fundación Pablo Neruda  y Ediciones Eloy, tienen  el agrado de invitar  a Ud. al lanzamiento del libro: 

Antología del pan más blanco, 
del poeta Edgardo Anzieta

En la ocasión  la obra  será comentada por el  profesor de la Universidad de Chile   y poeta  Manuel Jofré, Theodoro Elssaca, poeta y Presidente de la Fundación Iberoamericana y por Roberto Aedo, poeta y  profesor de la Universidad de Chile y el Desarrollo

La presentación se realizará  el   jueves 16 de mayo de 2013,  a las 19 horas, en  Casa Museo la Chascona, Fernando Márquez de la Plata, N- 0192,  Providencia, Santiago.



Santiago, mayo de 2013

28 de abril de 2013

LARGA DISTANCIA / Poema de Amelia Arellano, desde Argentina











 HEREDERA DE SILENCIOS


Ella es la Heredera de todos los silencios.
La veo aun, con su  vaso vacío,
Sorbiendo lentamente algo que parece escarcha.
El verano pasa como un potro de fuego.
El insomnio la acecha. La vigila.
Busca esa vieja costumbre de llorar dormida.

Pensar que le gustaba caminar con la lluvia.
Ofrecer su rosa en destruidos desvanes.
Ahora solo tiene el silencio.
No habla. No le hablan.
Solo las cucarachas murmuran.
También los muertos, mas, no entiende el morado.

Y se va por los bares hasta que todos cierran.
Y vuelve, y cuenta, uno a uno sus pasos.
Y bebe. Bebe todos los silencios.
Vacía lentamente la copa.
Allí en el fondo una boca extranjera  habla.
Tiernamente le habla…y la besa.





***


20 de abril de 2013

INVITACIÓN / Presentación del libro "Susurros que gritan", de Olga Sotomayor






 La Biblioteca y Programa de Lenguaje Duoc UC (sede Padre Alonso de Ovalle), tienen el agrado de invitarle a la  presentación del libro en formato cartonero:
 
 
 
SUSURROS QUE GRITAN
 
de
 
Olga Sotomayor
 
 
martes 23 de abril, a las 19:15 hrs
 
Alonso de Ovalle 1586, Santiago Centro
 
 
 Se referirá a  esta obra (en formato cartonero), la poeta Amanda Espejo.
 
 

Esta actividad se enmarca en la celebración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor
 
 
Más información enel blog de la autora:  http://olgacartonera.blogspot.com/

17 de abril de 2013

NARRATIVA / cuento de Mario Cáceres Contreras




EL INSPECTOR CURIOSO




     Aníbal Anteros, ingresó a la oficina destinada a los interrogatorios con la carpeta de color rojo en la mano derecha, en ella, los informes fotográficos, planimétrico y el del perito del Instituto Médico Legal. Llamó su atención que el asesinato fue cometido por envenenamiento, fosforismo.
     Mientras, la dama a quién debe entrevistar, permanece sentada frente al escritorio.  En la cubierta del mueble, un paquete de cigarrillos cubriendo el llavero con dos llaves de chapas, las argollas que unen al pequeño minino blanco de orejas y ojos negros, y la torre Eiffel; de color rosado fuerte. Además de la luz de seguridad  en una caja gris de forma rectangular (de unos 4 centímetros por lado).
   
Sin emitir palabra alguna, el inspector extrajo del resto de la documentación, la hoja en blanco en que debe anotar y destacar las preguntas y respuestas que le permitan encontrar pistas para descubrir al culpable del homicidio.
    Observó detenidamente a la mujer de contextura maciza, caucásica, de rostro adusto, pelo castaño sujeto con un cole morado. En su mano izquierda una gran sortija engarzada con una piedra negra y en la mano derecha el anillo de plata fina con un formidable rubí rojo. Sin duda conocedora del valor de las joyas. A falta de alianza de matrimonio presumió  el estado civil de soltera o sin compromiso amoroso alguno. Su edad sobre los cuarenta – nunca fue bueno para estimar las edades de las personas -.Estatura aproximada a 1 metro 60 centímetros, muy aproximada, ella está sentada.
     Aparentando una frialdad ante el portador de la casaca  PDI. Segura de sí misma, quizás si el hecho de permanecer sentada, le permitía seguridad y dominio de la situación que se enfrentaba. Con la mirada baja puesta en un punto invisible, la fémina aguarda las preguntas del policía. Anteros rompió el tenso silencio.

-       Su nombre, estado civil, profesión, parentesco o relación que la unía al señor Sebastián Englart, a quién usted encontró envenenado en la biblioteca  de la casa del occiso.

-       Elena Videla Gusinde, de profesión profesora de lenguaje, analista de sistemas computacionales y secretaria privada de don Sebastián… Y, lamentablemente encontré al señor sin vida. Más tarde por otro policía supe que fue envenenado- respondió con seguridad.

-       Hemos descubierto que el móvil fue el robo. Una valiosa joya, avalada en 50.000 dólares. Es un diamante de 45,4 quilates .Conocido entre los joyeros como el Ojo del Búho y certificado por la A.G.S. En su pureza detectaron no más de dos inclusiones... Usted y al igual que la enfermera, la hermana del fallecido fueron rigurosamente revisadas por una mujer policía. Las tres fueron sometidas a radiografías al estómago y al recto, no encontrándose evidencia alguna. La PDI agradece la valiosa cooperación. Huellas dactilares encontradas por doquier, salvo el vaso en que suministraron el fósforo, intentando hacer creer que el enflaquecimiento, anemia, astenia, ictericia y albuminuria eran propias de la edad y enfermedad del señor Englart -asintió, el inspector.



11 de abril de 2013

LARGA DISTANCIA /Poemas de Eduardo Embry, desde Inglaterra


Galileo y el amor

 
 
A veces me parece que el corazón
del trabajo científico de Galileo
fue una brillante combinación
de ciencia y amor por las matemáticas,
lo mismo que el amor
que yo siento por ti 
Galileo observó el modo cómo se mueven
los objetos en el espacio,
del mismo modo como yo te observo
con mis ojos cerrados
cuando te desplazas en silencio,
como las estrellas más arriba del tejado,
a veces, tú no me hablas;
también observo y tomo notas
de cómo los objetos se aceleran
sin importar para nada
ni la forma ni su peso,
basta un pequeño toquecito
para que las cosas
se muevan armoniosamente;
aun cuando el sabio explicó
con claridad al mundo
que nuestro planeta girando se mueve,
lo mismo que tú y yo,
hablando en privado,
Galileo también tuvo muchos problemas con la Iglesia.

 

 

Ceniza y lava de los volcanes

 
 
La ceniza y la lava de los volcanes
enriquecen el suelo,
de lo contrario todo el planeta
sería un gran desierto lleno de fastidio;
nuestras discusiones y desacuerdos
son también ceniza y la lava de los volcanes:
después de las grandes erupciones,
incendios de bosques,
desplazamiento de casas,
animales, rocas, ramas,
peligrosas bestias y gases mortíferos 
que salen de la boca de la tierra en llama,
siempre queda una flor viva;
en el suelo achurrascado de la superficie,
diminuta,
sarcástica,
altiva, arrogante,
alegre, luminosa, 
toda una flor contra la muerte.
 
 
 
 
Eduardo Embry
 

9 de abril de 2013

INVITACIÓN / Diosas Tutelares, de Lila Calderón




Inauguración muestra visual de Lila Calderón 

Diosas Tutelares


Viernes 12 de abril - 2013, a las 19Hrs.


Posada del Corregidor, Esmeralda 749



La muestra permanecerá abierta hasta el 26 de abril.




Diosas Tutelares


El artista debe de ser mezcla de niño, hombre y mujer. 
Ernesto Sábato


Goethe interpretaba su concepto de “el eterno femenino” como la idea de belleza que está en todas las mujeres. El trabajo de Lila Calderón transita por estas reducciones simbólicas de la condición de ser mujer, de ser mujer en esta contemporaneidad, donde el ya intentarlo puede ser un acto heroico, más aun pintar estas deidades con atributos femeninos con tanta insistencia, bien podría parecer un lamento heroico, un intento de simbolización de aquellos fantasmas de la condición de ser y estar siendo mujer hoy.

¿Es que las Diosas no son hoy posibles?

7 de abril de 2013

LARGA DISTANCIA / Gonzalo Salesky, desde Argentina




ROSAS ROJAS


En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que le aplicaban en el rostro.
Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz que por su ropa parecía ser el taxista le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.
Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.
Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.


Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho.
Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes...
Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.
Subimos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada.
Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.
Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.
Habló como si estuviera leyendo mi mente.
No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.
Se desplomó sobre mí. Y la sangre... ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.
Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.
En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba.
Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.

31 de marzo de 2013

LARGA DISTANCIA / Cuento de Ruth Pérez Aguirre, desde México





EFÍMERA VANIDAD
                               
       Selección de Cuento Breve Contemporáneo. cuentogotasVII
   Editorial aBrace. Uruguay- Brasil 2007

La brisa de la mañana hacía renacer la naturaleza toda. La suavidad de su encanto mecía las plantas incitándolas a desperezarse. Era un arrullo, un canto a la vida. Sus notas penetraron hasta mí provocándome un despertar lento… sereno… lleno de una paz incalculable. El sol parecía llevar con él alguna delicada melodía, de donde brotaban las ganas de vivir.
     Decidí hacer a un lado las sábanas que envolvían mis sueños y nacer entre ese murmullo de la mañana. Bañada por las gotas de rocío de la noche anterior, yo conservaba aún su humedad. Extendí mis brazos, despabilándome, a sabiendas de que el azul del cielo aguardaba con ansias ver el hechizo de mis encantos. Aquella inmensidad de luz y calor comenzaba a alumbrar dándole actividad a cuanto se encontraba bajo sus rayos. “¡Oh, la creación, cuán milagrosa es!”, fue lo primero que mi mente pensó. Comprendí desde ese instante la magnitud de aquel poder. El aire soplaba tenue, casi imperceptible, y con ello contribuía a mecerme mientras terminaba de avivar y secar mi lustrosa corola. De pronto, escuché unos pasos y el inmediato sonido metálico de unas tijeras. ¡Ay! Había sido separada de mi madre y de mis pequeñas hermanas, mis seres más queridos. Sin comprender la razón, fui trasladada al interior de la casa donde todo era seco y sin savia.
     Dentro de un búcaro de cristal, cuyo contenido era sólo un poco de agua, quedé horrorizada al sentir un sabor a medicina que empezaba a correr por mis venas. Comprendí que nunca más podría regresar con mi familia, con los míos, a los cuales debía resignarme a ver a través de una ventana. En medio de mi tristeza me abandoné a la sensualidad del aire que entraba a la estancia. Todo parecía apacible, dulce, como el zurear de las palomas… hasta que, de improviso, sopló una ráfaga que me volteó dejándome de frente a un espejo que no había visto y que estaba pegado a la mesita donde me encontraba. ¡Oh! ¡Oooh! ¡Cuánta belleza! Desde ese instante dejé de admirar los muebles, los adornos, y la calidez de los rayos del sol que, furtivos, entraban a colorear mis mejillas. Al mirarme, comprendí la razón por la cual había sido escogida de entre las demás que todavía dormían con sus corolas cerradas.
    

19 de marzo de 2013

LETRA NUEVA / Casa Quemada, de Francisca Contreras y Yasmín Fauaz







"Casa Quemada es el origen de la mendiga. El acto sublime en el que fuego & poesía se hermanan en lo que a ceniza deviene.

Siendo justa a este siglo en su existencia la casa que se inmola se autoerige desposeída,
deshabitada; deserraiga a su ama y libera a la errante que deambula por las calles.

Desde las cenizas renace la perra suelta y deja como única herencia la ruina latente a su amada ciudad oxidada.

Inauguran el templo-callejón los cantos enardecidos que emergen del asfalto hacia los cuetro puntos cardinales, libres por fin ante el derrumbe de las paredes..

Una vez fuera, hembra & calleja declaman juntas la abolición del retorno & la ceguera".






-Acostumbro hablar-

Yasmín Fauaz 


Acostumbro a hablar en humano,
género ambiguo/HermAfrodita/
nexo con la piedra, nexo con la estrella,
no hay más etiquetas, aunque ud. no me entienda.

Hablo en yos, en ese nosotros perpetuo-anacronismo,
donde nada cambia realmente:
seguimos siendo alimento de codicias.

La divinidad nos ignora,  permite sempiternas las cadenas.
La divinidad indiferente y perdida,
perdida en su propia inmensidad.
¿Qué mundos le ocupan la conciencia?
¿Qué distancia o protocolos nos separan? 

¿Acaso no husmea nuestras obras?
¿Acaso no siente cómo le nacemos?
¿Todo aquello que creamos?
¿Acaso nos espera?
Silencio.
Hasta ahora no hay respuesta.
Y este silencio enloquece nuestros miedos por las noches.
Crispa nervios colmados por la duda.
¿Qué hacer con la impotencia?

Esta tierra la gobierna una vieja espectra
y sus lacayos ciegos que le creen.

Torpes traidores de la vida,
rellenan con pólvora las balas dedicadas a los todos,
las bombas dedicadas a los nadie,
por un puñado de quimeras.

No hay nada que los llene.
Caemos entonces Magdalenas y Sofías,
Esperanzas, Soledades,
como peonas en efecto dominó,
caemos como naipes.


*****